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entrada principal del cementerio de colon vedado habana cuba Hace poco más de un siglo, la ciudad distaba mucho de alcanzar la expansión que su trazado actual le confiere. Observada a vuelo de pájaro o en los detalles de su maqueta a escala, nos percatamos de como las suaves colinas y ondulaciones del terreno del antiguo campo Vedado, apenas resultan perceptibles en el tejido de las calles, plazas y avenidas que conforman uno de los barrios más bellos de la capital de Cuba.

cementerio de colon vedado habana cuba Fue el Conde de Pozos dulces, Francisco de Frías y Jacob, el que alentó los proyectos que confirieron a este espacio de La Habana el encanto de un trazado, concebido como zona residencial de la burguesía, cuyas casas quintas y pequeños palacios poseen múltiples variaciones estilísticas que van del neoclásico al eclecticismo; de ahí que acceder al Vedado viniendo por el Malecón habanero desde el Centro Histórico o por alguna de las calles y calzadas interiores como el paseo extramuros de Carlos III, otrora decorado con fuentes, columnas, trofeos, esculturas y jardines, o por la antigua calle de San Lázaro, mantiene al entendido viajero en permanente sobresalto al descubrir de continuo la belleza de esta ciudad, por tantas razones atractiva.

Por estas vías, como llevados por inclinación natural, descubrimos las verjas y columnas que delimitan un espacio reservado, desde mediados del pasado siglo, para necrópolis de la gran ciudad.

cementerio de colon vedado habana cuba Originalmente fueron estas tierras fincas y estancias conocidas por el nombre de La Dionisia y San Antonio Chiquito. Cuentan los vecinos más antiguos, que los culíes chinos plantaban aquí sus verduras y hortalizas. También otras más distantes en el tiempo, refieren que por estos caminos transitaron los británicos en 1762 durante el sitio de la capital tratando de llegar desde la costa a las eminencias donde años después se edificaron el Castillo del Príncipe y la pirotecnia militar.

calzada a la iglesia cementerio de colon vedado habana cuba La iglesia compró estas haciendas con la finalidad de erigir un nuevo cementerio. Siglos antes las inhumaciones tenían lugar, según la costumbre, en el interior de los templos; el crecimiento de la población obligó al Obispo de La habana, Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, a construir un camposanto que luego llevó su nombre en el año de 1806, lugar consagrado a la salud pública y a la religión. La capacidad del lugar fue colmada apenas medio siglo después y he aquí que en 1866, por Real Decreto, la Corona autorizó la erección de la nueva necrópolis en las tierras previamente escogidas, colocándose la primera piedra en octubre de 1871.

monumento a los bomberos en el cementerio de colon vedado habana cuba El trágico acontecimiento acaecido en la ciudad el 27 de noviembre de aquel año: el fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina víctimas de un turbulento proceso, cuyo móvil aparente fue la supuesta profanación del nicho sepulcral del periodista Gonzalo de Castañón, tuvo como colofón la prohibición por las autoridades coloniales de que los cuerpos de los jóvenes ultimados fuesen sepultados dentro de los muros perimetrales de la nueva necrópolis. No es un contrasentido tal prohibición pues, según consta en libros de registro, la primera persona se depositó en el Camposanto en noviembre de 1868 -la africana Mañuela Valido- de manera que tres años antes de iniciarse las obras ya cumplía sus funciones el cementerio.

cementerio de colon vedado habana cuba El año de 1868 fue también el año del inicio de las guerras de independencia contra el dominio español, las cuales culminaron en 1898 con la entrada norteamericana en la guerra hispano-cubana y la consecuente intervención militar de Estados Unidos en Cuba hasta la proclamación de la República en 1902. En esta necrópolis fueron sepultados los restos de los marinos norteamericanos victimas de la explosión del Maine, ocurrida en febrero de 1898, que devino justificación para la entrada de esa potencia en la contienda. La historia del cementerio ha estado ligada íntimamente a la de la isla y con el decursar del tiempo ha sido testigo de los más diversos acontecimientos.

El proyecto de la necrópolis fue ejecutado por el arquitecto español Calixto Aureliano de Loira y Cardos, ganador del concurso convocado, quien concibió un orden de galerías subterráneas inspiradas en las catacumbas romanas; la primera de ellas recibió el nombre de Tobías, el personaje bíblico que por amor a sus semejantes se consagró a dar sepultura a los muertos abandonados y a quien se apareció para premiar sus servicios, cuando ya se hallaba ciego y enfermo, el Arcángel San Rafael. Paradójicamente, el jóven Loira falleció a la edad de 33 años y su cuerpo fue depositado en la galería apenas concluída.

cementerio de colon vedado habana cuba El monumento que más honra la memoria del arquitecto es el pórtico de noble inspiración románica, con tres entradas que aluden a la trinidad divina, construido con piedras de la misma calidad que las que se usaron para edificar los palacios de la ciudad. Hacia el norte y el sur en lo alto de la obra, sendos relieves marmóreos muestran la crucifixión en el monte Calvario y la conmovedora imágen de la resurrección de Lázaro, apenas emergido del sepulcro. Impresionante es el coronamiento, formado por tres esculturas que representan las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad, ellas lucen sus atributos en solemne expresión de serena espera y a sus pies en el mismo bloque de mármol de Carrara, la divisa latina: "JANUA SUM PACIS".

La planta de este cementerio forma un rectángulo de 56 hectáreas, al centro del cual, la capilla, vista desde arriba, es como una joya engastada en el crucero. En las décadas posteriores y hasta hoy el espacio se colmó de espléndidos monumentos que perfilan el culto a los difuntos practicado desde los albores de la humanidad hasta nuestros días por la religión y las civilizaciones.

Estamos ante un cementerio católico que refleja, al igual que la ciudad otrora distante y ahora a sus puertas, la raíz latina de nuestra cultura. Mucho difiere, ciertamente, de la severa austeridad de los campos de recordación de la América del Norte, o de los países de ascendencia luterana.

Una multitud de esculturas de ángeles, santos, las tan frecuentes columnas truncadas, obeliscos cubiertos con paños luctuosos o efigies de Jesús y la Virgen, tratan de prevalecer sobre la vanidad de estas apoteosis perecedera, con la afirmación del Maestro al consolar a sus discípulos: "Yo soy la Resurrección y la Vida".

transcripción del texto de Eusebio Leal Spengler para el folleto "La necropolis de colón" de la colección "Habana Siempre"

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